¿Por qué pones a las personas por encima de Dios?
Aprende de la historia de Lea y Jacob sobre el peligro de mendigar amor y buscar validación humana.
Pastor Josué Angarita
Lectura de 5 min
"La única validación que verdaderamente
necesitas es la de Dios."
Cuando la gente es más grande que Dios
Todo lo que Dios hizo, lo hizo con un plan para que el ser humano fuera bendecido. Fuimos creados para amar, para dar amor y para recibir amor. Sin embargo, uno de los grandes errores que cometemos es llegar a considerar que una persona es más importante que Dios mismo. A esto le podemos llamar tener "vasos de amor rotos".
Cuando Dios creó a Eva para Adán, le dijo que sería su ayuda idónea. Pero Dios nunca le dijo a Adán: "ella será tu todo", ni le dijo a la mujer: "el hombre lo será todo para ti". A ningún ser humano se le debe adorar. La adoración es exclusiva y única de Dios.
La trampa de buscar validación humana
El problema comienza cuando centramos nuestra vida en una persona. Creemos que sin esa persona no podemos vivir, que nuestras decisiones o nuestra estabilidad emocional dependen de si nos miran, nos reconocen o nos dan una palabra de aliento.
Esto se evidencia cuando la gente busca desesperadamente aprobación:
- El empleado que se amarga porque el jefe no reconoció su esfuerzo.
- La esposa o esposo que se deprime porque su pareja no le da el afecto esperado.
- El joven que basa su seguridad en la validación superficial de la sociedad.
Vivimos en una generación sumergida en la ansiedad y la depresión precisamente porque mendigan una validación humana que nunca podrá llenar el vacío del alma. La única validación que verdaderamente necesitas es la de Dios.
La Historia de Lea: Mendigando amor
El libro de Génesis (capítulo 29) nos relata la historia de Lea, Raquel y Jacob. Jacob estaba profundamente enamorado de Raquel, pero fue engañado por su suegro Labán, quien lo casó primero con Lea.
Lea representa a esa persona desesperada por amor, que se siente rechazada y menospreciada. Su propia hermana era la favorita. Al ver su aflicción, Dios le concedió hijos, pero mira la motivación inicial de Lea al tener a sus primeros tres hijos:
- Rubén: "Porque ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido."
- Simeón: "Por cuanto oyó Jehová que yo era menospreciada, me ha dado también este."
- Leví: "Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo."
El centro de la vida de Lea no era Dios; era Jacob. Todo lo que hacía era un intento desesperado de lograr que su esposo la amara y la aprobara. Pero nada de eso funcionó. Jacob seguía teniendo sus ojos puestos en Raquel.
El nacimiento de Judá: Cuando la perspectiva cambia
Mendigar amor y poner a una persona en el trono de Dios es un camino de dolor garantizado. Si tu relación o tu felicidad dependen de lo que haga otra persona, estás cayendo en idolatría disfrazada.
Pero hubo un momento donde Lea finalmente entendió esto. Cuando tuvo a su cuarto hijo, su perspectiva cambió por completo:
"Esta vez alabaré a Jehová." (Génesis 29:35)
Llamó a su hijo Judá, que significa alabanza. Lea dejó de decir "lo hago por mi marido". Decidió soltar el control y darle a Dios el lugar que le correspondía. Ya no mendigó el amor humano, sino que decidió adorar al único que merece toda la gloria.
Y Dios honró esa decisión. No fue de la línea de Raquel, sino de la tribu de Judá, de donde provino el rey David y, eventualmente, Jesucristo.
Conclusión: Dios es tu centro
Si tienes a alguien a quien amas, disfrútalo como una bendición y ayuda idónea, pero nunca lo conviertas en tu centro. No culpes a otros de tus vacíos, lo que necesitas es mirar al cielo.
Cuando Dios es el centro de tu vida, tus relaciones cambian, tu hogar se sana y la paz vuelve a tu corazón, porque ya no dependes del hombre, dependes del Señor.
Oración para hoy: Padre Celestial, te pido perdón si he puesto a alguna persona por encima de ti. Hoy reconozco que he buscado validación y amor en lugares equivocados. A partir de hoy, decido alabarte a ti como lo hizo Lea con Judá. Tú eres el centro de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.