Introducción
El libro de Job es un libro que nos enseña muchas cosas, una poesía rica que relata el sufrimiento de un hombre que él mismo consideraba injusto. Sin embargo, cada vez que vamos a él siempre encontramos revelaciones profundas. Job exclamaba cómo se sentía, él quería exponer su queja ante Dios, pero sabía que delante de Él quedaba completamente al descubierto.
Job entendió que no había forma de hacerse el inocente, porque siempre iba a ser señalado como pecador y culpable (Job 9:30-32). Sabía que:
- El pecado nos distancia de Dios, nos aleja de su presencia.
- El hombre es culpable de todos los cargos; la sentencia está presente.
- A veces sufrimos y no sabemos por qué.
Job estaba roto, confundido y en medio del dolor comprendió algo: "Dios es santo... yo soy hombre... ¿quién puede unirnos?". Entonces lanza un grito desesperado: "¡No hay entre nosotros árbitro!". Sin saberlo, Job estaba profetizando una de las necesidades más grandes de la humanidad: Necesitamos un mediador, un Abogado.
1. Job clama por un Árbitro
La versión Reina-Valera 1960 toma del hebreo la palabra "Árbitro", la cual se dice Mokíaj (מוֹכִיחַ): corregir, resolver un conflicto, decidir entre dos partes, reconciliar una disputa.
- Job clamaba por alguien que mediara en esta situación tan complicada. Dios es santo y Su carácter no le permite tolerar el pecado. Se necesitaba a alguien para reconciliar al hombre con Dios (1 Timoteo 2:5-7).
- La respuesta tardó algunos miles de años en llegar, hasta que apareció Jesucristo, el único mediador. No hay nadie más.
- Por eso Job dice: "Que ponga su mano sobre nosotros dos". En la mentalidad hebrea, esto significaba tener autoridad para reconciliar a dos partes enemistadas.
- Job estaba diciendo: "Necesito alguien con autoridad delante de Dios y que también me entienda a mí". Cristo padeció y fue tentado, por lo que puede compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15).
2. La Respuesta de Dios al Grito de Job
Job creyó que no había un árbitro, pero Dios le respondió que sí lo hay. En griego, la palabra "Árbitro" se traduce como Mesites, que significa "mediador, conciliador, fiador".
a. El Mesites como Conciliador
- Los griegos entendían muy bien esta idea: cuando dos personas estaban enemistadas, nombraban un Mesites (mediador) que abogara por ambas causas y quitara el enojo de ambos.
- Cristo nos reconcilió con el Padre (2 Corintios 5:18-19). La ira de Dios se levanta contra el pecado, pero Cristo tomó nuestro lugar en la cruz para limpiar al pecador de su naturaleza corrupta (Hebreos 9:26-28).
- Jesús no vino para condenarnos, vino para reconciliarnos.
b. El Mesites como Fiador (Perspectiva Romana)
- Los romanos tenían otra imagen aún más poderosa: un Mesites podía ser un FIADOR, GARANTE o PADRINO. Cuando alguien tenía una deuda imposible de pagar, otro hombre podía decir: "Yo responderé por él". Si el deudor fallaba, el fiador pagaba.
- Nosotros teníamos una deuda imposible con Dios: pecado, culpa, condenación. No podíamos pagar. Cristo se presentó delante del Padre y dijo: "Yo respondo por ellos". Él es nuestro Fiador.
3. ¿Por qué solo Jesús puede ser el Árbitro?
Porque es el único que puede representar los dos lados perfectamente.
- Como Verdadero Dios: Representó al Padre. "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:8-9).
- Como Verdadero Hombre: Nos conoce y nos puede representar humanamente. Por eso cumplió el requisito de Job de "poner su mano sobre ambos".
Conclusión
Cristo es mi Árbitro. El hebreo lo anunció (mokíaj). Los griegos lo entendieron como reconciliador (mesites). Los romanos lo vieron como fiador. El Evangelio lo reveló como Jesucristo.
Ireneo de Lyon describió a Jesús con estas palabras: "hominibus ostendens deum, deo autem exhibens hominem" (Mostró a Dios a los hombres, y exhibió a los hombres ante Dios).
¿Tienes alguna causa o situación imposible? Presenta tu queja ante Jesús y pide perdón por tus pecados (1 Juan 2:1). Job no tuvo quien clamara por su causa en su momento, pero ahora, en este mismo instante, está Cristo quien aboga por ti.
