EL ORGULLO Y LAS LANGOSTAS — ÉXODO 10
Texto Base: Éxodo 10 (TLA) | Pastor Josué Angarita
INTRODUCCIÓN
Días atrás hablé sobre el ser terco — esa actitud del corazón que va acompañada de sucesiones negativas y dañinas. Una de ellas es el orgullo: el pecado que sucumbió a Lucifer o Satanás, y que sigue destrozando al hombre por creer que no necesita de Dios.
El orgullo trae consecuencias terribles: a corto plazo, a mediano y largo plazo.
La expresión que dijo David captura perfectamente la gravedad de este pecado:
«¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.» (Salmo 19:12-13)
Esta predicación responde tres preguntas:
- ¿Qué tiene que ver el orgullo con las langostas?
- ¿Qué relación existe entre un pecado interno y una plaga externa?
- ¿Por qué es necesario reaccionar, abrir los ojos, escuchar a Dios?
1. FARAÓN Y EL ORGULLO
a. Las plagas llegaron por consecuencia directa del orgullo
Las plagas llegaron porque un rey no reconoció a Dios, a pesar de ver su poder obrando. Cada nueva plaga era una oportunidad de humillarse. Cada vez que la rechazó, la siguiente fue peor.
b. «¿Hasta cuándo seguirás siendo tan orgulloso?» — Éxodo 10:3
«El Dios de los israelitas me ha enviado a preguntarle: ¿Hasta cuándo seguirá siendo tan orgulloso?» (Éxodo 10:3 TLA)
Faraón fue un hombre terco, terco, terco — y su corazón fue endurecido aún más. La pregunta de Dios no era retórica: era un diagnóstico sobre el estado de su alma.
c. «¿Cuándo lo vas a obedecer?»
Esta es una expresión constante en el accionar humano:
- «No estamos dispuestos a obedecer a Dios»
- «Hacemos lo que nuestra mente dice»
- «No escuchamos»
El pecado de Israel fue su rebeldía, como consecuencia directa del orgullo:
«Ve y dile a este pueblo: 'Por más que oigan, no van a entender; por más que miren, no van a comprender.' Confunde la mente de este pueblo; que no pueda ver ni oír ni tampoco entender. Así no podrá arrepentirse, y yo no lo perdonaré.'» (Isaías 6:9-10)
El endurecimiento progresivo es el fruto del orgullo que nunca se trata.
2. EL ORGULLO — ANÁLISIS BÍBLICO PROFUNDO
a. Definición
El orgullo puede definirse como «autoestima desproporcionada e irracional, acompañada de un trato insolente y rudo hacia los demás». Es un intento de aparecer mejor de lo que realmente somos, con ansiedad por ganar aplausos y amargura cuando no se nos toma en cuenta.
«El orgullo es la alta opinión que de sí misma tiene un alma pobre, pequeña y mezquina.»
b. El orgullo es universal — y tiene raíz en Satanás
El orgullo es universal entre todas las naciones, siendo atribuido en la Biblia a Israel, Judá, Moab, Edom, Asiria, Jordán y Filistea. Está conectado con el pecado de Sodoma (Ezequiel 16:49).
El ambicioso orgullo de Satanás fue parte del pecado original del universo (Ezequiel 28:17). Puede que haya sido el primer pecado en entrar en el universo de Dios — y sin duda, uno de los últimos en ser erradicado.
El orgullo tiene tres declaraciones de guerra contra Dios:
1. Busca destronar a Dios — pretende elevar al hombre pecador a una posición igual o superior a la de Dios.
2. Defrauda a Dios — pretende quitarle el reconocimiento que solo a Él le pertenece.
3. Insulta a Dios — proclama arrogantemente: «Yo soy el artífice de mi destino; yo hago lo que quiera.»
c. Los engendros del orgullo
Los pecados que nacen del orgullo son devastadores:
«Presunción, malicia, jactancia, codicia, asesinato, persecución, calumnia. La mayoría de los pecados tienen su origen en el pecado padre del orgullo. La actitud prevaleciente 'Yo y lo mío somos primero' viene del orgullo.»
«Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia.» (Salmo 73:6)
El orgullo es tan engañoso que el salmista dice que la gente lo usa como una corona. Y Jehová le recordó a Edom:
«Tú te crees muy importante porque vives entre las rocas; piensas que estás muy seguro por vivir en las altas montañas; crees que nadie podrá derribarte, ¡pero estás muy equivocado!» (Abdías 1:3 TLA)
¡Cuán fácil es también para el cristiano caer en el orgullo! Sólo tiene que dejar a Dios por fuera de sus planes, descuidar la Biblia y la oración, y llevar su vida con fundamento secular sin darle a Dios el primer lugar.
3. LAS LANGOSTAS — ÉXODO 10:4-6
«Si usted no lo hace, mañana Dios enviará sobre su país una nube de saltamontes que cubrirá todo el suelo. Los saltamontes se comerán todas las plantas y todos los árboles que hayan quedado después de la lluvia y el granizo, y llenarán todo el país de Egipto. ¡Nunca los padres ni los abuelos de Su Majestad vieron algo semejante!» (Éxodo 10:4-6 TLA)
a. El orgullo del Faraón trajo ruina total
Las langostas del texto:
- Se comerían todas las plantas que quedaban
- Destruirían todos los árboles — toda clase de provisión
- Arrasarían todo el país de Egipto
Cuando el endurecimiento ante Dios —por causa del orgullo— se apodera del corazón, no se piensa en que se va a caer. Ese temor debería estar en nosotros: no vivir con miedo de Dios, pero sí respetarlo, adorarlo, reconocer que Él está por encima de brujos, hechiceros y de nosotros mismos.
b. Las langostas representan ruina, caída, hambre
En Egipto: Plaga devastadora que selló la destrucción económica y agrícola de la nación.
En Joel:
«Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado.» (Joel 1:4)
Las cuatro tipos de langostas representan oleadas sucesivas de devastación — lo que no se comió una, se lo comió la otra. Así opera el orgullo en la vida espiritual: en temporadas, en capas, hasta que ya no queda nada.
En el Apocalipsis:
En Apocalipsis 9:1-12, las langostas que salen del pozo del abismo durante la quinta trompeta son seres demoníacos que atormentan a quienes no tienen el sello de Dios en la frente.
El sello de Dios es la marca del que le pertenece. El orgulloso cree que no lo necesita — que puede protegerse solo. Esa es exactamente la mentira que el Faraón creyó hasta el día de su destrucción.
CONCLUSIÓN
El orgullo consume espiritualmente lo que el creyente necesita para su fe.
El orgullo es el padre del descontento, la ingratitud, la presunción, la pasión, la extravagancia y el fanatismo. Es muy difícil que se cometa un mal que no esté relacionado al orgullo en algún sentido.
Agustín y Tomás de Aquino afirmaron que el orgullo era la misma esencia del pecado.
Puesto que Dios aborrece el orgullo (Santiago 4:6), el creyente debe aprender a despojarse del orgullo y a vestirse de humildad.
Es mejor:
- Reconocer nuestros errores
- Aceptar con humildad la corrección
- No oír a los rebeldes a quienes se les ha endurecido el corazón
He conocido a muchos que un día fueron sencillos, respetuosos, humildes.
Mire: cuando no se tiene nada se aparenta humildad. Pero cuando se tiene mucho: «Nadie puede decirme ya nada.»
Ese momento es el inicio de la plaga de langostas en tu vida.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
-
¿Puedes recibir corrección sin defenderte? ¿O el orgullo te hace reaccionar a la defensiva?
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¿Hay alguien en tu vida a quien tratas con insolencia o desdén porque «no está a tu nivel»?
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¿Estás reconociendo a Dios en tus logros, o los consideras resultado de tu propio esfuerzo?
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¿Hay algún área de tu vida donde has sacado a Dios de la ecuación porque ya «sabes cómo funciona todo»?
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Ver en YouTube: El Orgullo y las Langostas — Éxodo 10 | Pastor Josué Angarita
Bosquejo por Pastor Josué Angarita — Iglesia MMM Portal Campestre, Girón, Santander, Colombia.
